lunes, 20 de mayo de 2013

Crónica. Undécimo festejo. San Isidro 2013

Plaza de toros de Las Ventas. Madrid, 19 de mayo de 2013
Undécimo festejo de la feria de San Isidro.
Juan Bautista, Juan del Álamo y Diego Silveti con cinco toros de Fermín Bohórquez y uno de Carmen Segovia

El patio de mi casa es particular

Por Paz Domingo

“El patio de mi casa es particular, cuando llueve se moja como los demás…”,  se cantaba jugando al corro. Pero no todos los patios son iguales, ni todos se mojan con justicia equitativa. Por ejemplo, en pleno Madrid, en Las Ventas del Espíritu Santo, allá por la calle Alcalá, entre el Parque de las Avenidas y la Fuente del Berro, dentro del barrio de Salamanca. Pues sucede que cuando el patio de la plaza de toros de Las Ventas se moja empieza a rezumar unos arrebatos de tirar la casa por la ventana que envuelven frenéticamente a quienes se encuentren en su abrigo protector. Si ha llovido estos días pasados, no significaba nada comparado con la granizada caída ayer sobre tantas cabecitas locas en este primaveral ciclo taurino y pasó que a casi todos los presentes les afectó más de la cuenta la chifladura. Se pusieron a pedir orejas al presidente y casi terminan con todos los apéndices de los astados.

Es cierto que en todos mis recuerdos en los patios taurómacos no había visto nada igual. He visto nieve. He visto llover a mares. He visto vendavales como ciclones. He visto solaneras devastadoras. Pero, nunca había comprobado lo que es capaz de hacer un pedrisco cuando cae a plomo. Se puede entender que quienes reciben el bombardeo sin piedad queden consternados en tiempo transitorio, pero no se explica que el presidente y demás asesores queden afectados pues están bien asegurados en el palco. Trinidad López-Pastor se conmovió de los apuros que estaban pasando los asistentes pero poco hizo por parar, o suspender, el festejo cuando el ruedo ya era una apuesta peligrosísima y los tres matadores habían decidido seguir.

En estos casos quien tiene la última palabra es el presidente. Nada ni nadie puede comprometer su decisión. Si sucede la catarsis meteorológica una vez que el toro esté en el ruedo, o iniciada la faena, nada se puede hacer salvo dar lidia y orden, como se pueda, con todas las precauciones del oficio. Y después se toman las medidas cautelares, si proceden. Y ayer sí procedían, porque el ruedo anegado de granizo era lo suficientemente peligroso como para haber actuado en consecuencia.

En vez de esto, al final de la faena entregadísima del mexicano Silveti al tercer animal sosainas que tenía por oponente bovino, en medio de los finos proyectiles disparados por el cielo con furia, frío y truenos, el público quería una oreja. Trinidad, generoso, se la dio. ¡Toma guate, que la disfrutes! Pues quizá para mí haya otra, debió pensar el director de lidia, Juan Bautista, porque ni corto ni perezoso se tiró a la piscina a nadar un rato. En su primera actuación no había dado ni un pase a otro insulso animal y hay que reconocerle que tampoco pisó el sitio bueno ni una sola vez como tampoco parece que tenga intención de hacerlo algún día.

El remiendo de la corrida saldría en cuarto lugar. Bien lo sabía el diestro francés que no quería dejarse en los chiqueros la suerte de las suertes: un toro de Carmen Segovia, y así poder realizar otra proeza de las suyas que consiste en aparecer en las estadísticas triunfadoras de los ciclos madrileños sin haber hecho nada destacable que lo acredite. Mientras el público de los tendidos andaba calado hasta los huesos por los pasillos interiores de la plaza, el ruedo estaba anegado y el cielo descansaba, Juan Bautista le daba soberbios mantazos repetidos a un animal de nobleza extraordinaria que ante tan escasa sabiduría y dominio se toreó a sí mismo. ¡Hay que tener suerte hasta para ser toro! ¡Hay que tener suerte hasta para ser aficionado! Va y sale un toro -cuando ya únicamente se reiteran en el ruedo postizas morfologías bovinas- y pilla a los interesados con el paso cambiado, lo justo para perderse la epopeya.  Le regaló también el presidente el apéndice pues dentro de su ecuanimidad no podía manifestar sus preferencias entre el hijo mayor y el pequeño.   

En el segundo animal -con las hechuras y las entendederas bravas, muy por debajo de lo que sería aceptable- sobresalió un torero salmantino, Juan del Álamo, con las facultades indicadas para ser un torero de importancia. Desplegó capote y nos dejó con el corazón abierto; se ponía a citar de frente y nos recordaba faenas memorables; hacía galleos por chicuelinas con el barro rozando los tobillos con tanto sabor que se intuye arte del bueno; y dio naturales con una buena colocación aunque fallara la profundidad en parte debida a la escasa ambición del cornúpeto. También hubo un regalo para Del Álamo en su actuación al quinto de la tarde, en la cual reiteró su buen capote, su buen gusto y su buena técnica. El papá presidente ya no le podía negar el trofeo al más torero de sus tres hijos. Y todos en paz.

Bueno, quizá todos no. A algunos aficionados les revientan los regalitos auriculares que se prodigan en tardes de granizo. A otros, que les tomen por tontos con tanta estadística mercantilista. A los más, pillar un resfriado que les dure hasta octubre. Incluso, los hay recios, de los que si ven a los que van diciendo por ahí que los toros del hierro de Bohórquez salieron la mar de bien, pues les sueltan dos frescas.

domingo, 19 de mayo de 2013

Crónica. Décimo festejo. San Isidro 2013






















Alejandro Talavante entrando a matar al sexto victorino que ponía fin a la tarde y a la gesta.
Fotografía de Paco Sanz


Plaza de Las Ventas. Décimo festejo de la Feria de San Isidro 2013.
Toros del Victorino Martín para Alejandro Talvante en solitario.
Madrid, 18 de mayo de 2013

Sin conciencia

Por Paz Domingo

Ha sido una irresponsabilidad. La gran gesta taurina que debía protagonizar Alejandro Talavande se convirtió en un acontecimiento insensato que terminó en fracaso. El diestro se presentó para este reto en solitario sin preparación, sin ideas, sin motivación, sin cuadrilla, sin mando, sin dominio y sin torería. Aunque lo tuvo todo preparado: un encierro de la ganadería de respeto que le ofreció animales de apañada presencia y genio inexistente; una logística que le habían diseñado desde las mejores agencias publicitarias sin importar la petulancia de los mensajes; el más importante bufete taurino con su apoderado a la cabeza; una corte de líderes espirituales con las más absurdas puestas en escena que la moralidad prohíbe; el extraordinario amplificador televisivo que ha hecho del ridículo el juego de la patata; y una afición creyente y deseosa de ver torear aunque fuera por el ojo de una cerradura. Es el resultado de una colosal falta de conciencia de todos los responsables taurinos y en todos los órdenes, los mismos que van a terminar con la crisis gracias a su esfuerzo ideológico mientras ponen una bomba en los pies de los aficionados. En definitiva, todo es una fabulosa mentira. 

Para afrontar el reto de un encierro en solitario hay que estar, como poco, puesto. Este concepto que ha desarrollado el lenguaje de los toros tiene un sentido crucial. Los aficionados lo saben bien: Si un torero se atreve con seis toros ha de contar con un repertorio sobrado; con un talento para venderlo; con una personalidad que arrolle; con una variedad que no aburra; con toros que no den risa; con los mejores ayudantes en la profesión; con sobradas ganas para que sea creíble. Y de torería, mejor ni hablamos porque fue lamentable comprobar que no se vio nada con el capote, ni en las estocadas, ni en las bregas, ni en las lidias... ¡Ni en las varas!... ¡Ni en el torero!, porque hasta en la faenita que hizo Talavante al tercero de la tarde, donde obtuvo las únicas palmas, fue toreo del mediocre, de esos en que no se manda, se rectifica con pierna robótica atrás, no se remata, no se aguanta, no se desarrolla y, en definitiva no se domina. Y fue todo así.  

La epopeya se había dispuesto como si fuera un juego. Todos, parece ser, se jugaban mucho. El ganadero decía que tenía mucho interés en que sus ejemplares cumplieran con el nombre de la divisa "legendaria" y con el honor de estar en la primera plaza del mundo. El compromiso del ganadero resultó ser un recreo a la siete porque trajo un conjunto tan apañadito de hechuras que hasta se protestaron varios ejemplares; tan insulso de genio que no tenían ni el más ligero arranque temperamental propio de la casa madre; tan angelitos repetidores de mirada lánguida a los vuelos en oblicuo de muletas en pico; tan pasmarotes que a sus cuerpos no les pedían provocaciones caballerescas. Es cierto que los lidiaron mal, los picaron aún peor, y, sin embargo, todos sirvieron para la muleta, concepto que como todo el mundo sabe hoy en día consiste en tener un carácter "que se deje" dar mantazos a discreción. Y Talavante se los dio, a mansalva. Si el diestro hubiera aguantado un pelín en el sitio, cruzadito, exponiendo bajito, no estaríamos hablando de intento fallido.  

Muchos dirán hoy que los aficionados se portaron desvengonzadamente con el autor de semejante proeza por la monumental bronca con que le despidieron. Pues, todo lo contrario. Fue un trato exquisito con el maestro, a quien el público, y sobre todo la afición, recibió con una ovación propia de héroes; sobredimensionó los aplausos desde el tercio a una insustancial faena al tercero; no le abucheó después de dejar todas las estocadas garrafalmente -algunas haciendo guardia y otras en los bajos indecorosos-. Incluso, en el desaliento, cuando ya únicamente quedaba un toro por salir de los chiqueros, el público generoso y la afición espléndida, alentó al diestro con más palmas y cumplidos. 

Pero ya nada tenía remedio. El sexto, el más victorino, algo más poderoso en hechuras y en genio maternal, terminó con el cuadro y con la tomadura de pelo. Se protestó la lidia horripilante, las varas infames y el descaro del maestro que ya dejaba sobre la cara del animal mantazos como un púgil golpea el saco del gimnasio. 

Se desencadenó la bronca. Talavante la encajó mal, aunque la pasará a base de caramelitos de tantos corifeos que le rodean. Explicarán que había mucho viento. Argumentarán que es muy listo el ganadero para confiarse de él. Quizá, prepararán una campaña publicitaria para contar que es Bienvenida, el Resucitado. Y tendrán que hacerlo deprisa porque dentro de seis días el protagonista del año tiene previsto volver al toreo, a la plaza de tanta amargura, con el mismo viento, los mismos empresarios, los mismos ganaderos, los mismos públicos. Pero, no olviden que los aficionados ya aguantaremos poco. Si los ideólogos de la torería andante quieren gestas, que jueguen a los torneos de justas en el patio de su casa. Si quieren hazañas, que toreen toros. Si quieren juegos florales, que aprendan a hacer la O con un canuto. Si quieren dineros, que busquen negocios en otro planeta. Si quieren ganarse el cielo, lo sentimos porque ya está ocupado. 

Y la bronca iba por todos. Es un aviso muy serio a tantos taurinos navegantes en las turbulentas aguas de un futuro finito. Es un tirón de orejas a Talavante por tanta insensatez. Después del pareado, tomen nota, por favor, ¡que estamos más que hartos! 

viernes, 17 de mayo de 2013

Crónica. Octavo festejo. San Isidro 2013



















Morante de la Puebla en su actuación al cuarto toro de la tarde. Fotografía de Paco Sanz


Plaza de toros de Las Ventas. Madrid, 16 de mayo de 2013
Octavo festejo de la feria de San Isidro. Morante de la Puebla, José Mari Manzanares y Jiménez Fortes, que confirma alternativa, con toros de Juan Pedro Domecq

Las leyes de Mendel
Por Paz Domingo
A estas alturas en conocimiento biológico de las entrañas del ganado bravo se puede asegurar que las leyes de Mendel, en las cuales se definían las particularidades de la herencia genética, necesitan urgentemente de un cuarto supuesto para excluir la dominancia de los guisantes arrugados. Este carácter recesivo ya ha tomado cuerpo absoluto y ha transformado el fenotipo bovino en un cuadrúpedo homocigoto de moderna generación filial cercano al antílope. El ejemplo está causando una prodigalidad en las cabañas bravas, muy empeñadas en rentabilizar el invento y venderlo caro, por supuesto para que lo alaben unos y lo paguen otros. El ganadero más astuto ha sido Juan Pedro Domecq, que ni era monje cartujo de Jerez ni agustino como Mendel, pero que presume desde lejanos tiempos de poner patente a su espectacular proceso de laboratorio en el que separa cromosomas y da espíritu a un individuo homocigoto, clonado y podenco, además de ser un poderoso motor de economías propias.
Pues seis de estos individuos homocigotos que discurrían por el ruedo del más importante instituto científico-taurómaco en el día de la entronización de la torería postinera -y entre protestas de algunos espectadores resistentes a la ingenuidad-, representaban a la perfección esa generación filial cercana en carácter a los ovinos; en morfología a las gacelas; en poder a los felinos domésticos; en sabiduría a los burros destacados; en resistencia al sometimiento a los gansos; en movilidad a los peces de colores; en casta a los dromedarios; en bravura a los rinocerontes. Y ahora díganme si no hay que tomar por las bravas y urgentemente la puesta en marcha de un nuevo cuarto supuesto mendeliano ya que el monje austriaco -como no salió del convento, ni tampoco fue aficionado a la fiesta española, ni intuyó lo que ya se cocía en las cartujas sureñas españolas desde siglos atrás-, no pudo descubrir a lo que llevaría la degeneración del guisante, como tampoco determinar la dominancia pertinaz de sus contraídas fisonomías, incluso de imaginar que sus transgénicas entrañas cotizaran por las nubes en la alta cocina de bravo.
A algunos poco parecía importarles esta conclusión empírica porque mandaban callar a quienes se habían dado cuenta que eso era guisante y no toro. Tan ufanos estaban por lo que les habían vendido. En definitiva, sus dineros iban dispuestos para esa media verónica famosa del maestro Morante, para ese empaque del revolucionario Manzanares, y para dejar chupando rueda a un pobre telonero llamado Jiménez Fortes. Y se produjo una algarabía grandiosa, tanto como si en el ruedo hubiera acontecido algo relevante para la discusión científica cuando en realidad aquello era un choteo bipolar: homocigoto con los caracteres recesivos-bovinos y heterocigoto con los caracteres dominantes-toreros.
¡Ese Morante! Ese que da medias como si las diera la Inmaculada Concepción. Ese que tiene un genio mitad poético, mitad bandolero. Ese artista al que ayer le perdonaron la gracia torera porque hizo un quite, y hasta dos gracias, después de haberle prendido fuego a ambos petardos que le habían escogido. ¡Ese Manzanares! Ese que va a acabar con el cuadro científico en las distancias estéticas sin arriesgar un ápice de su pulida presencia. Ese mismo que presume de blasón bicéfalo compuesto de juanpedros y cuvillos y no puede ni ejecutar la mínima como mandan los cánones de la tauromaquia. ¡Ese pobrecito de Jiménez Fortes! Ese que tenía la oportunidad de romper el cuadro flamenco ruinoso y se aquerenció para copiar a los cantaores.
Bueno, si ustedes quieren saber el número de insustanciales probaturas en redondo que dio Manzanares; o el ímpetu de Morante en el (auto) quite del perdón; o el nombre del animal que permitió la confirmación del invitado a la fiesta –llamado Jiménez Fortes- pues pueden hacer clic en las muchas crónicas especializadas en las excelencias de la fiesta de bien inmaterial. En mi caso, si me lo permiten, voy a merendarme unos guisantes arrugados en honor al monje mendeliano y a fumarme un puro de calibre superlativo a mayor gloria del gran Joselito. ¡Viva la genética! ¡Viva el Gallo!

Octavo festejo en imágenes. Por Paco Sanz



















Jiménez Fortes con el toro de su confirmación en Las Ventas y de nombre Odioso de la ganadería
de Juan Pedro Domecq. Marcado con el número 70, con 533 kilos de peso y melocotón de capa.
































































































































José Mari Manzanares al inicio de la faena al tercer toro de la tarde y que fue protestado
por la escasez de hechuras y de fuerzas.
















Morante de la Puebla en la inexistente faena al cuarto juanpedro por la cual se ganó una monumental bronca.















Manzanares en el quinto toro, muy protestado por la falta de trapío, presencia, casta y flojedad.

jueves, 16 de mayo de 2013

Crónica. Séptimo festejo de San isidro 2013

Plaza de toros de Las Ventas. Madrid, 15 de mayo de 2013.
Séptimo festejo de la feria de San Isidro.
Recuerda a José Mari

Por Paz Domingo
Después de varios intentos se presentaba en Madrid el hijo torero de Ángel Teruel. El confirmante resultó muy estético, muy deseoso de realizar un discurso lucido, a veces hasta pulcro en estas nuevas lides del toreo aéreo, con un animal que se prestaba a esa presunción sin apreturas en la superabundancia de pases. Recordaba en mucho a la estética preciosita de José Mari Manzanares, a su admirable facilidad para ejecutar las suertes sin rastro de incomodidades y desarrollar esa fórmula mágica de la ligazón sin mandatos que tanto saborea al público, tanto como cuestionan los más aficionados. Pues bien, parecía el hijo de Ángel Teruel, de igual nombre, una reproducción del torero alicantino en maneras, en estética, en concepción y en resolución. Por supuesto, le falta la experiencia para resolver y taparse, el trasiego por las múltiples plazas y las aventuras en los nudos gordianos de la fama que se gestan en las agencias de publicidad.

Precisamente, en su segunda actuación, se le vio la peor de las deficiencias y que es saber solventar como se pueda. El animal fue tan descastado como mansurrón, pero en definitiva tenía su lidia y su sujeción. Pues ni lo uno ni lo otro. Al aspirante a figura del toreo le desbordó la complicación que significa la práctica aunque se le agradeció que no traspasara la frontera del ridículo escénico con recurrentes desplantes de ferial cómico. 

La tarde estaba entregada a Miguel Ángel Perera. Muchos aseguran que ha vuelto por sus fueros de otros tiempos. Afirman que realizó el toreo de profundidad. También dicen que fue una faena intensa. Bueno, pues con todas las precauciones del mundo, parece que no fue para esta ponderación. Quedó el maestro arrollado en el primer tercio por un error suyo de apreciación cuando, a la manera funcional, esperaba zafarse echando al novillete de hechuras a las afueras con el capote al bies. Todo el mundo comete errores y sufre accidentes, pero los de Perera en este atropello no fueron por adelantar pierna contraria con intención de parar la embestida y mandarla. Se hizo un ‘autoquite’ dejando al público entregado por tan poderosa heroicidad. 

Y aconteció el éxtasis alucinatorio. En mi visión ilusoria se sucedían imágenes deformadas. Al animal le tenía por una hermanita de la Caridad tan bien educada y encantadora como las damiselas coquetonas, vivaces y sin conversación arriesgada. Veía a un hombre descomunal en altura que se superponía a un ser muy inferior. Reconocía a un personaje fuera del hilo argumental de la verticalidad; sin hazañas; ceñido al milímetro en la rutina; nunca intentando penetrar en los centros terrenales; ejecutando el chotis hacia atrás con pierna mecánica; incluso sin creerse la felicidad que produce tanto destoreo robótico. 

La estocada cayó tendida y muy trasera. Pero el hombre se trasfiguró en un dios para dejar perplejo a todas las deidades que desde el Olimpo taurómaco juegan con los designios taurinos y, muy celosas las omnipotencias en la materia, le dieron un empujón en el trasero al moribundo animal para levantarle como un Neptuno emergente de las aguas. Allí quedaron ambos, aumentados en mundos oníricos: el hombre con una oreja como triunfo y el buenazo del toro escondiéndose para que no le usurparan la otra.    

Pues lo mismo, según mi modesto entender, realizó al segundo de su lote. El horno estaba dispuesto para toda la bollería de un día de feria, pero el toro no era tan buen bailarín, la masa se puso algo dura y el maestro repostero se quedó con la merienda a medias que, aunque le satisfacía, le supo a poco.

Castella estuvo en lo suyo. Es decir, en esa manera propia tan fría, mecánica, ininteligible. Le tocó el peor lote, es cierto. Pero con este torero es muy complicado averiguar si el resultado obtenido, siempre el mismo, es consecuencia de sus mecánicos empeños en las faenas o sus idénticos planteamientos para comenzarlas, desarrollarlas y concluirlas. Esto tendrá mérito, incluso algunos se lo valoran enfáticamente, y seguirán haciéndolo, porque el diestro, aun a pesar de haber cambiado de repertorio relgando los estatuarios iniciales, que ya cansaban en exceso, pues ahora le da por preparar la faena en el centro del ruedo -sin contar si la plegaria se la ofrece a la Inmaculada o san Antón-; porfía en los parones encimistas desde el segundo cero; echa el toro a las afueras a base de tirones; y sucede tandas idénticas en variedad y reconocibles en aburrimiento.

Plaza de Las Ventas. Madrid, 15 de mayo de 2013.
Festividad de San Isidro Labrador, patrón de Madrid.
Presidente del festejo: Trinidad López-Pastor.
Toros de Alcurrucén: De muy justa presencia. Bajos de agujas, con pitones de los que crecen enfundados, y con una casta funcional: sosa, insulsa, colaboracionista en el recorrido giratorio. Algunos parecían que eran mansos pero poco importa si lo eran porque tanto anodino comportamiento confunde a cualquiera. A ninguno se le dio una vara en condiciones ortodoxas. Bueno, ni de las otras tampoco.
Sebastián Castella: pinchazo (en realidad metisaca para rectificar) y estocada (silencio); pinchazo, bajonazo, aviso (silencio).
Miguel Ángel Perera: estocada trasera y muy tendida (oreja); estocada trasera y caída, rueda de peones (ovación y saludos desde el tercio).
Ángel Teruel: -en el toro de su confirmación- estocada casi entera, algo contraria, petición de oreja sin unanimidad (ovación y saludos desde el tercio); pinchazo hondo y descabello (silencio).

Un par de notas. Buenas actuaciones de Javier Ambel (de cuadrilla de Castella) y de Joselito Gutiérrez (de Miguel Ángel Perera) en el tercio de banderillas al 2º y 3º, respectivamente. Parece que los veedores de la plaza madrileña están haciendo un trabajo de reconocimiento y selección en las dehesas bastante parejo y ajustado porque todos los animales que salen por chiqueros salen en la misma ajustada proporción, comodidad de hechuras y comportamientos colaboracionistas.  


miércoles, 15 de mayo de 2013

Crónica. Sexto festejo. Feria de San Isidro 2013


Plaza de Las Ventas. Sexto festejo de la Feria de San Isidro 2013.
Toros del Puerto de San Lorenzo para los diestros  López Simón, que confirmaba alternativa, El Cid y Daniel Luque.
Madrid, 14 de mayo de 2013

Gris casi plomo

Por Paz Domingo
La tarde tuvo poca escala de grises. En plomo estaba el cielo, intenso y condensado, que se mezclaba a ratos con rachas doradas. En plúmbeo también los matices toreros de la torería protagonista. En realidad, hay poco que decir de un festejo pasado por chubascos que dejó el cuerpo molido en la fría intemperie. Salvo que El Cid hubiera podido lucir su poderosa mano izquierda sin igual pero insiste en la mecánica extensora en las afueras sin dominio de sí mismo. Que Daniel Luque manifiesta muy bien su arrojo juvenil, su aire desafiante, su descafeinado toreo siempre muy escaso de poder. Que al confirmante López Simón le venía grande el traje marengo tejido con lana del taller de los atanasios pero que gracias a su porfía reconocimos en el desfile la única buena prenda que había cosido el sastre. 

Los atanasios del Puerto salieron poco en leyenda. Venían más mansos que nunca; Más desorientados de lo habitual; más ajustados de hechuras; más apropiados para tareas cómodas; más flojos que de costumbre; hasta el punto que sorprendieron porque hubo dos que eran auténticos carretones con muchos pies pero tan descompuestos, tan descastados, tan insulsos como el resto. Ambos animales les tocaron en sorteo a las figuras que dejaron la tarde como estaba, es decir, en nada. Las faenas se repitieron. Señalamiento en las varas; destoreo para el aprovechamiento de las rápidas embestidas de los locos animales que correteaban alrededor de la muleta con la misma fijeza que lo hace un tiovivo; brazos ortopédicos que extienden trapo como si fueran banderines en un circuito; preferencia por las afueras perfileras; la insistencia del cuerpo ladeado que cita en oblicuo y la muleta hace muro. Bueno, pues así todo el rato. El Cid lo tenía más fácil precisamente porque tirando de maestría recurrió a su mano izquierda para hacer repertorio mientras relegaba aquella extraordinaria facultad suya a una juerga desmesurada sin ton ni son. La mano incorrupta se trasformó en ortopedia barata con naturales del revés, los mismos de los que dicen disfrutar mucho los postineros de la modernidad. Mató a la manera garrafal y comenzó el frenesí del chubasco dejando esa hipotética fíesta en lo que realmente era: agua de borrajas. Lo mismo había hecho Luque con el toro que hizo tercero en el orden de salida de los chiqueros con mucho teatro en los medios y ningún mando en la ejecución. También remató de aquella manera. 

López Simón se llevó el cuerpo dolorido después que el mansurrón animal de su confirmación se lo echara a los lomos con terrible encontronazo en el primer cite. Solamente se le puede ocurrir a un inexperto llamar a un toro certero en la mansedumbre al hilo de las tablas y desde las distancias. Pero así ocurrió. Después no se hizo con el atanasio que a fuerza de enganchones desarrollaba cabeceos e imposibilidades para sujetarlo. Sin embargo, lo más meritorio de la grisacea tarde lo compuso en el sexto. Cosa sin explicación, pero López Simón le plantó cara al manso de tomo y lomo sin mucha técnica aunque aprendió que el áspero traje también se abrocha hacia el mismo lado como los demás. Cuando se cruzaba, cuando exponía, cuando retaba, el animal humillaba, recorría, pasaba y después se rajaba. Vimos a destellos la composición del encaste atanasio que sin ser tela preferente entre los caballeros sí es posible domar la dureza del apresto. Y se vió gracias a las dudas de un advenedizo sin recargados recursos toreristas pero que con tanta ingenuidad enseñó la condición del animal y de paso en qué consiste la grandeza del arte de lidiar toros cuando se les desafía con potencial verdadero.

martes, 14 de mayo de 2013

Crónica. Quinto festejo de San Isidro 2013

13 de Mayo de 2013. Quinto festejo de la feria de San Isidro. Madrid. Las Ventas. Curro Díaz, El Fandi y David Galván con toros de La Palmosilla.

Curro Díaz hace lo mejor de la tarde
Por Paco Sanz

Fue en el segundo de la tarde. Previamente había confirmado la alternativa David Galván. Sólo fueron dos tandas de muletazos, pero pletóricos de torería, empaque, cadencia, estética y temple. Se dice que lo bueno si breve es dos veces bueno. El público vibró. Y no hubo más porque el toro, como toda la corrida, se desfondó, o se rajó, y ya no repetía las embestidas. Aún así todavía pudo sacarle algún muletazo suelto con un alto grado de torería. El segundo de su lote, que había hecho una buena pelea en varas, llegó al último tercio hecho unos zorros. Era un auténtico marmolillo y Curro, lejos de ponerse pesado y aburrir al personal, hizo bien en abreviar. El público lo agradeció.
David Fandila es un torero que siempre ofrece espectáculo. Será ortodoxo, o no, en función de los gustos de cada uno, pero siempre da espectáculo.
Y ese espectáculo que monta El Fandi, le sirve para cortar muchísimas orejas por otras plazas de toros. Aquí, en Las Ventas, no le vale.
Maneja el capote con soltura y su fuerte lo basa en el tercio de banderillas. Posee unas condiciones físicas excepcionales que le permiten hacer cosas difíciles de ver en otro torero. Correr hacia atrás con la mano puesta en la testuz del toro y aguantar la carrera hasta que el toro se para, está al alcance de pocos.
El primer toro de su lote llegó al último tercio sin ninguna fuerza. Algún que otro pase suelto siempre enganchado y como el publico lo protestó, cortó la faena rápidamente. El segundo de su lote fue asesinado en varas. En el primer encuentro con el picador, éste le propinó tres puyazos. Al término del tercio, el toro tenía un manantial de sangre en los lomos. Ya en el tercio de banderillas, El Fandi solicitó permiso al presidente para poner un cuarto par. Un amplio sector del público, injustificadamente, protestó esta decisión. Al último tercio el toro llegó desangrado y como suele pasar en estos casos, el toro se paró. Imposible sacarle un solo pase.
Confirmaba alternativa el joven jerezano David Galván. Ambos toros de su lote han llegado al último tercio totalmente rajados. Esto nos ha impedido contemplar la dimensión real del jerezano. Ha demostrado tener valor, serenidad y cabeza fría. Quizá haya equivocado las distancias en sus dos toros queriéndoles citar desde lejos cuando los toros no tenían ningún fondo.
La corrida no dio más de sí por culpa de los toros que en términos generales les faltó raza y fondo físico.

Ficha del festejo. 13 de mayo de 2013. Las Ventas. Madrid.
Quinto festejo de la Feria de San Isidro 2013.
Presidente: César Gómez Rodríguez. Más de tres cuartos de plaza.
Toros de La Palmosilla: Bien presentados. Faltos de raza y sin fondo para aguantar la lidia. El último con una arboladura espectacular.
Curro Díaz: Casi media y cinco descabellos (leve ovación); estocada trasera  (silencio).
El Fandi: estocada desprendida y descabello (silencio); estocada desprendida (silencio).
David Galván: pinchazo, casi entera (leve ovación); cuatro pinchazos y descabello (silencio).